Hace unos días leí que al ciudadano norteamericano Alan Gross, arrestado en Cuba en diciembre del 2009 y acusado de mercenario por dizque distribuir material 'contrarrevolucionario' -léase una computadora portátil, una cámara de video, un telefono móvil, y quizás literatura sobre derechos humanos, civiles y políticos- le podrían condenar a 20 años de prisión. Al respecto, tengo un cuento.